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miércoles, 1 de enero de 2020

El amor es más simple que recíproco

Según Stéphane Toussaint, Marsilio Ficino y Pico della Mirandola, mantuvieron siempre una relación "cordial y afectuosa". No obstante, nuestro protagonista no tuvo ningún reparo en refutar a su maestro, en el Commento alla Canzone d'amore, lo que este había escrito anteriormente en su obra De amore, sobre la reciprocidad amorosa. Tema que ya había sido tratado anteriormente por Platón y Sócrates. 

Ficino, defiende lo que Sócrates; el "deber" de amar a quien nos ama. Esta exigencia parece ser necesaria para el autor que, muestra en su obra dos elementos fundamentales: uno, que el amar conlleva la muerte del amado y dos, que la muerte es una equivalencia entre el "ser" y la "operación". Es decir, quien ama entrega su pensamiento al amado y por lo tanto, no está operando para sí. Por lo que si el ser está en la operación, quiere decir que el amante vive en el amado.


Amor sacro y amor profano. [Pintura de Tiziano].

Ciertamente hay una justísima venganza en el amor mutuo. Al homicida se le castiga con la muerte, y ¿quién negará que el amado es un homicida, al separar el alma del amante? Y ¿quién negará morir igualmente él mismo cuando también ama al amante? Esta restitución es obligada, cuando éste a aquél y aquél a éste da en pago el alma que aceptó. Amándose, uno al otro le da la suya y correspondiendo al amor devuelve la ajena por medio de la suya. Por esto, con justicia debe corresponder en el amor cualquiera que es amado [Ficino, De Amore, 44].

Sin embargo, esta acepción no es tan simple, pues Ficino distingue entre dos tipos de amor, al igual que posteriormente, hará nuestro autor: el amor simple (en el que el amado no ama al amante y por ende, este está muerto) y el amor mutuo o recíproco (que sucede cuando los dos amados se completan con mutua benevolencia y por consiguiente, el amante vive en el amado, produciéndose una sola muerte y dos resurrecciones).

Y esto también parece admirable. Pues si yo, después de que me perdí a mí mismo, por ti me rescato, gracias a ti me poseo; y si por ti me poseo, te tengo antes y más a ti que a mí mismo, y estoy más cerca de ti que de mí, puesto que yo no me adhiero a mí mismo, sino por ti como intermediario. Y en esto la fuerza de Cupido difiere de la violencia de Marte. Pues ciertamente el amor y el poder son diferentes. Un emperador posee por sí mismo a otros. Y el amante se apodera de sí mismo por otro, y cada uno de los amantes se aleja de sí mismo y se acerca al otro, y muertos en sí, resucitan en el otro. En el amor recíproco hay una sola muerte y dos resurrecciones [Ficino, De Amore, 43].


Romeo y Julieta. [Pintura de Frank Dicksee].

Para Pico esto es bien distinto, y es por ello que se atreve a criticar a su maestro. Lo más importante para nuestro autor, es diferenciar los diversos significados que presenta la palabra "amor". Su acercamiento a dicho tema se produce mediante un método logístico, el cual es imprescindible para tratar los asuntos filosóficos. 

El amor, en su sentido más amplio, es la inclinación de la virtud desiderativa hacia aquello que se le presenta con aspecto de bueno. Por tanto, como existen varias clases de bienes, deben existir varias clases de amor. Pico subraya la diferenciación entre el amor de amistad y el amor propiamente dicho, el primero, debe de ser recíproco, sin embargo, el segundo, no tiene por qué serlo. 

Igualmente, el amor que se llama amistad tiene propiedades opuestas a nuestro amor. En la amistad siempre es necesaria la reciprocidad, como Platón lo dice en muchos lugares, esto es que un amigo por el mismo modo y por la misma causa ame al otro. Así e converso, como dice Platón en muchos lados, esto no es necesario en nuestro amor porque el que ama puede no ser bello y consecuentemente no apto para mover al amigo al deseo mutuo de su belleza. Puedes entonces considerar, lector, cuántos errores en la primera parte de su comentario comete nuestro Marsilio confundiendo todo, sólo por este principio, y pervirtiendo lo que dice de amor. Aunque, además de esto, en todas las partes de este tratado había cometido errores en todas las materias, como creo que manifestaré en el proceso [Pico della Mirandola, Commento, II, 2].


Un concierto. [Pintura de Lorenzo Costa, el Viejo].

¿Qué sucedió entonces?, ¿Por qué siendo Ficino maestro de Pico, fueron distintas sus posiciones? Muy sencillo. El eje de la cuestión está en la metodología de lectura que ambos suscriben. Esto quiere decir que Ficino, leyó a Platón desde la tradición neoplatónica, incorporando órdenes ajenos al discurso, mientras que Pico, se basó en el método aristotélico-escolástico, en el cual prima la lógica que ordena y distingue los términos. Por este motivo, ambos hallaron un punto de confrontación entre sus postulados teóricos. 

Bibliografía

Rodríguez, T. (2015). Una disputa sobre la amistad: Ficino y Pico. Medievalia, 47, pp. 89-94. Recuperado de https://revistas-filologicas.unam.mx/medievalia/index.php/mv/article/view/309/335

miércoles, 25 de diciembre de 2019

El Humanismo mágico

Cuando la Academia de Platón fue refundada por Cosimo d’Medicci, Marsilio Ficino, tutor de Pico, fue nombrado director. Este se encargó de traducir del latín la obra completa de Platón y los neoplatónicos con un claro fin: encontrar una síntesis entre el platonismo y el cristianismo. La traducción vio la luz en 1484, pasando a ser conocida como Corpus Hermeticum.

Ficino y Pico asimilaron el hermeticismo, junto al neoplatonismo y la magia natural. La magia, era un elemento común de la sociedad y sus asunciones eran; por tanto, similares. En el Renacimiento, se distinguió entre dos tipos de magia: la espiritual y la natural. En la espiritual, el mago prevalecía frente a los espíritus buenos o malos; blancos o negros, a la hora de poner en marcha sus poderes ocultos. En la magia natural, el mago trataba de detectar correspondencias y señales del mundo natural. Los humanistas del Renacimiento, se distanciaron de la magia espiritual, puesto que esta solía polemizar con la Iglesia. Por ello, se centraron en una versión dignificada de la magia natural.


 Hermes Trismegisto. [Representación de Stolcius Von Stolcenbeerg].

Los magos asumían que los poderes estaban ocultos. No obstante, estos podían descubrirse y, por tanto, controlarse, gracias al mago que tenía “visiones especiales” dada su preparación espiritual y práctica. Escribe Pico della Mirandola en una de sus célebres Conclusiones:

“Lo que el mago hace con su técnica, la naturaleza lo ejecuta naturalmente al hacer al hombre”.


Detalle de Zacarías en el templo. [Fresco de Domenico Ghirlandaio].

El hombre, en suma, en cuanto faber, parece tener una vocación natural por la magia, pero, sin dejar las Conclusiones, Pico observa que no existe ni en los cielos ni en la tierra, potencia que el mago no pueda poner en ejecución. La magia, que celebra las bodas del cielo y de la tierra, está para nuestro protagonista, también ligada a la astrología:

“Inventaron que de los astros depende la suerte de todos, pero sobre todo de los príncipes: hijos, vida, poder, victorias, salud. Decían que, habiendo estudiado largamente el movimiento y la naturaleza de los astros, conocían con claridad el porvenir, el bueno y el pesaroso. Afirmaban poseer remedios para alejar las desgracias previstas y medios para volver más seguras las contingencias felices. Aseveraban que, si se observaba una hora feliz, podían componer con materias particulares imágenes semejantes a las naturalezas celestes, mediante maravillosos artificios que atrajeran la virtud de los astros, volviendo felices y poderosos a los hombres, y tan satisfechos de sus deseos, de esta suerte, con tal de que llevasen consigo tales imágenes”.

Pero, ¿cómo influyó este movimiento místico al Humanismo?; más aún en concreto, ¿al desarrollo científico? Existen diversas teorías y es que, los historiadores de raíz positivista vieron en este movimiento, un retroceso de la ciencia moderna. No obstante, los no positivistas como, Lynn Thordike, demostraron que la tradición mágica, gracias a su visión utilitarista del mundo en contraposición a la visión contemplativa de los filósofos, generó el método experimental.


Magia Naturalis. [Grabado de Giambattista della Porta].

Asimismo, Walter Pagel escribió una serie de artículos sobre los que evidenció, que las tradiciones mágicas, dieron forma al trabajo de Paracelso y Jean-Baptiste van Helmont. De ahí, ciertas ideas herméticas y neoplatónicas pasarían a la química y la mineralogía, resurgiendo en el siglo XVIII con la Naturphilosophie. Sin embargo, la reivindicación más destacada sobre este hermeticismo, fue la desarrollada por Frances Yates en 1964. En la que afirmó que el hermeticismo no habría solo influido en ciertos métodos concretos, sino que más bien habría sido una de las causas fundamentales de la Revolución Científica.


El conjurador. [Pintura de Hieronymus Bosch].

Otros historiadores pusieron de relieve, el hecho de que Isaac Newton, trabajase durante años en la alquimia y otras disciplinas herméticas, incluida la búsqueda de la Prisca Theologia, donde posiblemente encontraría la base de sus ideas de atracción y repulsión, consideradas, tradicionalmente, como propiedades ocultas.

Hoy día, son pocos los historiadores que consideran que este movimiento, pudo tener cierta o total relevancia en la Revolución Científica. No obstante, lo que sí parece evidente, es que la magia, tuvo un gran impacto en el mundo humanístico.

Bibliografía

Garin, E. (1981). El Zodiaco de la Vida. La polémica astrológica del Trescientos al Quinientos. Barcelona, España: Ediciones Península.